Lo recordaba.

Y el mundo confundió su silencio con debilidad.
Desde ese día, la madre de Liam dejó de buscar qué le pasaba.
Ella comenzó a defender lo que lo hacía extraordinario.
Años después, cuando Liam finalmente fue juzgado, pronunció solo una frase.
Pero fue suficiente.
«Nos grababan antes de que tuviéramos nombres».
La sala quedó en silencio.
Y por primera vez, todos escucharon al chico que creían que jamás hablaría.
