—Me quedé en el coche. Quería asegurarme de que alguien se acercara.
El ruido del restaurante pareció desaparecer.
—Yo tenía tres años.
—No te dejé en medio de la nada. Había gente.
—Pedía dinero para comer.
Verónica bajó la voz.
—Vi que una mujer se acercó.
—¿A Elena?
—No sabía cómo se llamaba.
—¿La viste comprarme comida?
—Vi que te llevó hacia adentro. Entonces me fui.
Sofía sintió que las manos le temblaban debajo de la mesa.
—O sea que viste a una desconocida acercarse a tu hija de tres años y decidiste que eso era suficiente.
—Estaba desesperada.
