PARTE 1
—Si esa mujer ve este sobre, mi mamá dice que puede pasarme algo a mí también.
Eso fue lo primero que me dijo el niño que apareció junto a mí en el funeral de mi hijo.
Yo estaba frente a la tumba de Mauricio, en un panteón a las afueras de Querétaro, tratando de entender cómo un padre podía seguir respirando mientras bajaban a su único hijo a la tierra. Mauricio tenía treinta y seis años. Tres semanas antes, su camioneta había salido de la carretera rumbo a San Luis Potosí. La policía habló de lluvia, velocidad y mala suerte.
Yo me repetía lo mismo para no volverme loco.
Entonces sentí una mano pequeña jalando la manga de mi saco.
El niño tendría nueve años. Cabello oscuro, chamarra azul demasiado grande y unos ojos serios que no parecían de un niño. Miró hacia donde estaba Valeria, la viuda de Mauricio, rodeada por familiares y directivos de Transportes Salgado, y me puso un sobre gastado en la mano.
—¿Cómo te llamas?
—Emiliano.
—¿Y tu mamá?
—En el hospital. La señora Maribel me trajo. Está esperándome afuera. Mi mamá dijo que tenía que encontrarlo a usted y entregarle esto sin que la esposa de Mauricio me viera.
Sentí un golpe seco en el pecho.
Guardé el sobre dentro del saco justo cuando Valeria volteó hacia nosotros.
Ella había llorado durante toda la ceremonia, pero había algo extraño en su manera de hacerlo. No podía explicarlo. Quizá era injusto de mi parte. Tal vez el dolor me estaba volviendo desconfiado. Aun así, cuando nuestros ojos se cruzaron, vi que miró primero al niño y después a mi bolsillo.
Esa noche llevé a Emiliano a mi rancho en Colón. Maribel me explicó que su madre, Lucía Mendoza, había sufrido un accidente y que antes de entrar al hospital le había pedido que llevara al niño al funeral.
Esperé hasta que Emiliano se durmió para abrir el sobre.
Dentro había una fotografía vieja de Mauricio, tomada casi diez años atrás. También había un acta de nacimiento. En el espacio del padre no aparecía ningún nombre.
Y luego estaba la carta.
“Señor Salgado: usted no me conoce. Yo fui pareja de Mauricio antes de que él conociera a Valeria. Cuando terminamos, descubrí que estaba embarazada. Tuve miedo y decidí criar a nuestro hijo sola. Me equivoqué. Mauricio murió sin saber que Emiliano era su hijo.”
Tuve que dejar de leer.
Miré la fotografía. La misma sonrisa de Mauricio. La misma forma de las cejas. La misma manera de inclinar la cabeza.
Seguí.
“Hace dos semanas intentaron sacarme de la carretera. No creo que haya sido un accidente. Todo empezó por una maleta de trabajo que Mauricio olvidó después de encontrarse conmigo por casualidad en un hotel. Hay personas buscándola. Escuché el nombre de Valeria. La llave del lugar donde escondí la maleta va dentro de este sobre.”
Saqué una pequeña llave metálica que no había notado.
La última línea me dejó helado.
“Si la prueba confirma lo que ya sé, proteja a Emiliano. Porque si Valeria descubre quién es en realidad, mi hijo también estará en peligro.”
Levanté la vista hacia el pasillo donde dormía aquel niño que podía ser mi nieto.
No podía creer lo que estaba a punto de suceder…
