PARTE 2
Mariana dejó sobre la mesa una carpeta azul.
Dentro había copias de documentos de la casa de mi madre, recibos bancarios y un supuesto poder notarial firmado casi un año atrás.
El beneficiario era Sergio.
—Esto no tiene sentido —dije—. Mamá jamás le daría poder sobre la casa.
Desde la cama, Elena respondió:
—Porque yo nunca se lo di.
Sentí un vacío en el pecho.
La propiedad estaba valuada en casi siete millones de pesos. Era lo único importante que mi padre había dejado antes de morir.
Revisé las firmas.
Una se parecía a la de mamá.
Demasiado.
Pero había pequeñas diferencias.
Mariana señaló una fecha.
—Ese día tu mamá estaba internada por una infección respiratoria. Tengo copia de la receta y del registro de consulta.
—¿Cómo conseguiste todo esto?
—Porque empecé a investigar cuando la encontré.
La miré.
—¿Por qué nunca me llamaste?
—Porque ella me lo pidió.
