Regresé después de dos años y encontré a mi exesposa cargando a mi madre, mientras mi esposa actual me había escrito: “Tu mamá está perfectamente bien”. No discutí; llevé a mamá a un lugar seguro y abrí una carpeta escondida bajo una cama. Dentro había un poder sobre una casa de casi 7 millones y una firma que mamá juró no haber puesto.

Nadie habló durante varios segundos.

Esa misma noche Mariana me entregó una memoria USB.

—La encontré escondida entre la ropa de tu mamá.

En ella había respaldos parciales de la cámara de seguridad que yo mismo instalé años antes.

En un video se veía a Sergio entrando a la casa.

En otro, mi madre estaba frente a él en la sala.

Subí el volumen.

—Firma de una vez, tía. Gabriel ni siquiera piensa regresar. Esa casa va a terminar abandonada.

Mamá contestaba:

—Esta casa era de mi marido. Después será de mi hijo. No voy a firmar nada.

Sergio dio un paso hacia ella.

La grabación saltaba exactamente diecinueve minutos.

Después, la cámara volvía.

Mi madre estaba en el piso.

Lucía aparecía recogiendo varios papeles.

Sentí náuseas.

—¿Esto fue editado?

Mariana asintió.

—Alguien borró ese fragmento manualmente.

Me volví hacia mamá.

—¿Qué ocurrió durante esos diecinueve minutos?

Elena cerró los ojos.

—Sergio intentó obligarme a firmar. Lucía le dijo que si no lo hacía, tú creerías que estaba perdiendo la cabeza y terminarías poniéndola a ella como responsable de todo.

Me quedé inmóvil.

Pero Mariana todavía no había terminado.

Sacó un sobre viejo.

Dentro había capturas de conversaciones de hacía más de dos años.

Reconocí fechas.

Eran de la época en que nuestro matrimonio empezó a destruirse.

Mensajes entre Sergio y Lucía.

En uno, Lucía escribía:

“Gabriel ya piensa que Mariana quiere la casa.”

Sergio respondía:

“Déjalo creerlo. Mientras ella siga cerca de Elena, no podremos hacer nada.”

Sentí que me faltaba el aire.

Dos años antes, Sergio me había asegurado que Mariana preguntaba demasiado por las escrituras.

Lucía, que entonces era una conocida de la familia, me había mostrado supuestos mensajes donde Mariana decía que mi madre sería “un problema” para nuestro futuro.

Yo nunca verifiqué nada.

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