PARTE 2
En casa, las llaves quedaron sobre la mesa de la cocina.
—No acepté la camioneta —dijo Sofía—. Acepté la carnada.
Elena la miró, todavía dolida.
—Pudiste avisarme.
—Si ella cree que me impresionó, va a hablar de más. Una mujer no aparece el día exacto de mis dieciocho años con chofer, regalo y discurso preparado sin querer algo.
A la mañana siguiente, una noticia hizo que ambas entendieran que Sofía quizá tenía razón.
La Fiscalía investigaba operaciones irregulares en Grupo Salgado, una constructora conocida en Puebla. Había cateos en oficinas, contratos simulados y transferencias bajo revisión. En la nota aparecía el nombre de Verónica Salgado como integrante de la administración.
Antes de que terminaran de leer, sonó el teléfono de Sofía.
—¿Señorita Sofía Martínez? Habla el licenciado Tomás Barragán. Soy notario. Necesito hablar con usted sobre la sucesión de don Arturo Salgado.
—¿Quién?
—Su abuelo materno.
